Desde el inicio, la comunicación fue transparente. Tras enviar mi postulación, recibí una confirmación inmediata y, pocos días después, un correo con información detallada sobre las siguientes etapas. La primera fase fue una entrevista telefónica en la que la reclutadora me explicó el puesto, la cultura de la empresa y las expectativas del rol, además de hacer preguntas sobre mi experiencia.
Posteriormente, fui invitado a una entrevista con el gerente del área. La conversación fue fluida y estructurada, con preguntas tanto técnicas como situacionales. Se enfocaron en entender no solo mis habilidades, sino también mi forma de resolver problemas y mi compatibilidad con la empresa. Además, me brindaron espacio para hacer preguntas, lo que me permitió conocer mejor el equipo y el entorno de trabajo.